Consumir productos biológicos es velar por nuestra salud. Los productos que proceden de la agricultura convencional sufren modificaciones en su composición orgánica así como los alimentos transgénicos que afectan a nuestro organismo y a la naturaleza. Según los especialistas, gran parte de las enfermedades degenerativas tienen su origen en la alimentación.
 
Los alimentos biológicos son equilibrados y adecuados a las necesidades del consumo humano: tienen los nutrientes, las sales minerales y los oligoelementos adecuados. Al no contener sustancias artificiales, son asimilados correctamente por el organismo sin alterar sus funciones metabólicas.
 
Los cereales integrales deben ser de cultivo biológico. En la agricultura convencional, los elementos tóxicos provenientes de los productos sintéticos utilizados se acumulan más en la superficie.
 
Los alimentos biológicos mantienen su sabor auténtico y, al haber seguido su ciclo natural sin alteraciones, se conservan durante más tiempo.
 
Consumir productos biológicos es una elección responsable que puede lograr cambios en la actividad de empresas y gobiernos, al incorporar criterios éticos (por ejemplo, no consumir alimentos procedentes de multinacionales implicadas en el negocio de la manipulación genética).
 
Al consumir productos biológicos colaboramos al ahorro energético ya que en el cultivo y elaboración de estos productos se aprovecha al máximo los recursos renovables. Para la obtención de un producto no biológico, se precisan hasta más de 10 calorías para cada caloría obtenida en forma de alimento.
 
El consumidor de productos biológicos, a través de su elección responsable, contribuye a la independencia del agricultor y a la creación de puestos de trabajo, evitando la problemática social que comporta el éxodo rural.
 
Los productos biológicos favorecen la bio-diversidad. La agro-industria convencional intenta maximizar la producción y el rendimiento sin tener en cuenta la destrucción del medio ambiente y el agotamiento de los suelos. En los países pobres esta superproducción provoca una caída de precios de productos agrarios que acompaña la miseria y pobreza de su población. El problema del hambre mundial no es debido a una falta de alimentos que supuestamente pueda erradicarse con la ingeniería genética sino a una errónea distribución, consumo y producción.
 
Los productos biológicos no resultan más caros para la economía familiar, dado que ayudan a una correcta nutrición y preservan nuestra salud y, adicionalmente, su contenido en nutrientes por unidad de peso es superior a los productos convencionales, de forma que necesitamos consumir menos cantidad.
 
Al consumir productos biológicos estamos colaborando a la conservación del medio, evitando la contaminación de la tierra, aguas y aire. En definitiva, agricultura biológica promueve una serie de técnicas y métodos para hacer frente a la degradación progresiva del medio ambiente y para mejorar la calidad de vida y la salud de todos.